Carlos Santiso Pombo
Redactado por
Rubén Vizcaíno Pena
Carlos Santiso Pombo
Redactado por
Rubén Vizcaíno Pena
25 Feb. 2025
7 min
Economía
Sin duda, la economía nazi sigue siendo un fenómeno bastante desconocido para la mayoría de personas.
Y es que, mientras que las atrocidades de la guerra y los campos de concentración han sido muy difundidas, las características de su régimen económico no son tan estudiadas.
En este artículo veremos en qué consistía, así como cuáles fueron sus principales logros y fracasos.
Antes de la llegada de Hitler al poder y el establecimiento del Tercer Reich (1939 – 1945), el contexto general estaba dominado por una grave crisis económica, producto de las sanciones impuestas a Alemania después de la Primera Guerra Mundial, con la firma del Tratado de Versalles.
Así, la hiperinflación de la década de 1920 y la Gran Depresión de 1929 pusieron las bases para un enorme descontento social que Hitler supo aprovechar para alcanzar el poder e implantar su régimen de terror.
Veamos cómo se tradujo todo esto en el ámbito económico.
La economía nazi se caracterizaba, fundamentalmente, por ser una economía capitalista, pero con un fuerte intervencionismo estatal.
Así, podemos destacar los siguientes aspectos:
Pese a que se reconocía la propiedad privada, el estado nazi tuvo un papel dominante en la economía durante este período.
De este modo, se implementaron políticas que buscaban controlar y dirigir la producción y el mercado hacia los intereses del régimen. Las empresas estaban obligadas a alinearse con los objetivos del Estado, y las decisiones sobre producción, precios y distribución eran supervisadas por el gobierno.
Así, las grandes empresas más próximas al régimen pudieron crecer a tasas muy elevadas, al tiempo que iban consolidando posiciones monopolísticas, desplazando a otros actores del sector correspondiente.
Además, también hay que destacar que se prohibieron los sindicatos en todo el país.
Uno de los pilares de la economía nazi fue la autarquía, es decir, la búsqueda de la autosuficiencia económica.
Este objetivo buscaba reducir la dependencia de Alemania de las importaciones extranjeras, especialmente de materias primas como el petróleo y el caucho. Para ello, se incentivó la producción nacional de bienes sustitutos, como el caucho sintético y los combustibles derivados del carbón.
Una gran parte de la economía nazi se orientaba a la producción de bienes militares, suponiendo un porcentaje fundamental del PIB alemán en esa época.
Todo ello se contemplaba en el Plan Cuatrienal presentado en 1936, bajo el liderazgo de Hermann Göring, que tenía como objetivo preparar a Alemania para la guerra en un plazo de cuatro años.
Este plan priorizaba la producción de armamento y equipamiento militar, así como el desarrollo de industrias estratégicas.
Por otra parte, también se acometieron ambiciosos programas de obras públicas, como la construcción de autopistas (Autobahnen), que generaron millones de empleos y mejoraron la infraestructura del país. En este sentido, la política fiscal expansiva adoptada por los nazis contribuía también al crecimiento de la economía.
La industria de la guerra, unida al servicio militar obligatorio y las obras públicas, lograron el pleno empleo para la economía nazi, aunque las estadísticas no reflejasen fielmente la realidad.
Así, por ejemplo, se excluía totalmente a la población judía, que no computaba a estos efectos.
Los llamados «bonos Mefo» (Metallurgischen Forschungsgesellschaft mbH o Sociedad de Investigación Metalúrgica S. L.) tuvieron un papel destacado en la economía nazi.
Así, se trataba de instrumentos financieros que se utilizaron para financiar el rearme sin aumentar inmediatamente el déficit presupuestario.
De este modo, el Estado podía pagar a las empresas mientras tenía la circulación monetaria bajo control. Esta práctica fue clave para mantener la confianza empresarial y evitar una inflación descontrolada.
La economía nazi también se caracterizó por la expropiación de bienes de comunidades perseguidas, como los judíos, cuyos activos fueron confiscados y redistribuidos.
Por supuesto, durante la Segunda Guerra Mundial, Alemania también saqueó recursos de los países ocupados y utilizó trabajo forzado, incluyendo prisioneros de guerra y trabajadores esclavos, para sostener su economía de guerra.
Los principales éxitos y fracasos de la economía nazi fueron los siguientes:
Como puntos más exitosos del régimen económico nazi, suelen destacarse estos dos:
De todos modos, los fundamentos que sostenían el régimen no eran sólidos y dependían fuertemente del autoritarismo del Estado.
De entre los aspectos más negativos que tuvo la economía nazi, destacan los siguientes:
La Segunda Guerra Mundial tuvo consecuencias devastadoras para la economía nazi.
Así, con la derrota de Alemania en 1945, la destrucción de infraestructuras, los juicios de Nuremberg y el pago de reparaciones a las víctimas del régimen, la economía quedó seriamente dañada.
Al final, el coste humano, ético y social del régimen económico nazi fue inmenso.
Por otra parte, aunque las características de la economía nazi fueron muy especiales, compartían muchos aspectos con otros regímenes autoritarios que promulgaban la autarquía y el férreo control estatal.
En definitiva, aunque el régimen de Hitler pudo aprovechar su autoridad absoluta para dirigir la economía a su voluntad, las consecuencias acabaron siendo desastrosas.
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