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¿Cuáles son las mejores inversiones en valores a largo plazo?

Las inversiones en valores a largo plazo son una de las mejores opciones para rentabilizar tus ahorros, si no los vas a necesitar en un futuro inmediato. En este artículo veremos cuáles son las más interesantes en cada categoría y cómo construir una cartera correctamente diversificada. [tabla_de_contenido]

¿Qué consideramos inversiones en valores a largo plazo?

En función de su plazo, las inversiones en valores suelen clasificarse en tres grandes categorías:
  • Inversiones a corto plazo: serían las que tienen un horizonte temporal menor o igual a un año.
  • Inversiones a medio plazo: son aquellas que se realizan a un plazo de entre 1 y 5 años.
  • Inversiones en valores a largo plazo: se trata de las que tienen un horizonte temporal superior a 5 años.
No obstante, hay quienes no utilizan la categoría de «medio plazo», considerando como inversiones en valores a largo plazo todas aquellas que excedan de un año.
No se trata de un criterio rígido, universalmente aceptado.

¿Por qué realizar inversiones en valores a largo plazo?

Los motivos más importantes para realizar inversiones en valores a largo plazo son las siguientes:
  • Mayor potencial de rentabilidad: cuando el horizonte temporal va más allá de esos 1 a 3 años, es posible aprovechar las grandes tendencias del mercado, «dejar correr los beneficios» y conseguir rentabilidades que quedan fuera del alcance de la mayoría de productos de corto plazo.
  • Menor riesgo y volatilidad: al no necesitar el capital en un horizonte cercano, podemos obviar el «ruido» del mercado y no vernos afectados por las oscilaciones que se produzcan en momentos puntuales. Como decía Benjamin Graham, «Mister Market es un esquizofrénico en el corto plazo, pero recupera su cordura en el largo plazo». Por ejemplo, si observas el gráfico del S&P 500 durante los últimos 100 años, verás que la rentabilidad es elevadísima, incluso a pesar de las grandes crisis que se han producido.
  • Beneficios del interés compuesto: si reinviertes periódicamente los dividendos generados por tus inversiones, estarás multiplicando su rentabilidad. Este «interés sobre el interés» es lo que se llama interés compuesto, que tiene un efecto tan poderoso como contraintuitivo para muchas personas.
  • Menores gastos y comisiones: realizar compras y ventas continuamente, tiene un elevado coste en cuanto a gastos y comisiones de bolsa, por no hablar de la obligación de pagar impuestos sobre los beneficios obtenidos. Sin embargo, los gastos se minimizan cuando se pone la vista en el largo plazo, difiriéndose también el pago de impuestos.
  • Posibilidad de diversificación: el horizonte del largo plazo permite una mejor planificación de las inversiones, posibilitándonos construir, poco a poco, una cartera sólida y bien diversificada.
Como puedes ver, las ventajas de invertir en valores a largo plazo son muchas y muy variadas, sin embargo, antes de que te decidas a realizar una inversión de este tipo es importante que dispongas de los conocimientos necesarios. Pero, ¿en qué podemos invertir? Te lo explicamos a continuación.

Mejores tipos de inversiones en valores a largo plazo

Los principales tipos de inversiones en valores a largo plazo son los siguientes:

1. Acciones individuales

Comprar directamente en bolsa acciones de empresas individuales es una magnífica opción para inversores con una cierta experiencia en el mercado, aunque no sea adecuada para principiantes, ya que:
  • Requiere conocimientos y tiempo para seleccionar valores adecuados y hacer un correcto seguimiento de la cartera.
  • Implica costes de comisiones y cánones relativamente elevados en cada operación de compra o venta.
  • Requiere bastante capital si se quiere diversificar adecuadamente. En términos generales, lo más recomendable es diversificar en sectores, países, monedas y empresas. Esto te permitirá moderar el nivel global de riesgo de tu cartera.
En cuanto a la estrategia de inversión, puede adoptarse un enfoque value, una filosofía growth o priorizar la inversión en empresas que repartan dividendos. Por supuesto, también es posible combinar varias estrategias o trabajar con carteras separadas, aunque esto implique una mayor complejidad.

2. Renta fija a largo plazo

Aunque la renta variable es una de las opciones más interesantes para invertir en valores a largo plazo, también la renta fija puede tener cabida en una cartera bien diversificada. Aquí puedes optar por valores de renta fija pública (como los Bonos del Estado) o privada de alta calidad crediticia. Además de invertir de forma directa, es posible hacerlo mediante fondos de inversión especializados. Tanto la rentabilidad como el riesgo de la renta fija suelen ser inferiores a los de la renta variable, aunque no podemos generalizar.

3. Fondos de inversión o ETF

Los fondos de inversión y los fondos cotizados (ETF) son una magnífica opción para invertir en una cesta diversificada de valores, sin necesidad de disponer de un gran capital ni grandes conocimientos. En este sentido, una buena opción son los fondos indexados, que te permiten invertir en todos y cada uno de los valores que componen un determinado índice (como el S&P 500), con solo unos centenares de euros o dólares. No obstante, también existen fondos que siguen una estrategia value, fondos de crecimiento, fondos especializados en dividendos, fondos sectoriales o por regiones geográficas, de materias primas, etc. En general, las comisiones son bastante asequibles, sobre todo en los fondos indexados y en los ETF. Por tanto, la operativa es mucho más económica que con acciones individuales. Además, son ideales para realizar aportaciones periódicas y hacer crecer la cartera de forma sencilla y consistente.

4. Inversión inmobiliaria

Si se dispone de un capital considerable, la inversión inmobiliaria también puede ser una buena opción para invertir a largo plazo. De todos modos, lo ideal es combinar este tipo de activos con otros de renta variable y renta fija. Así, ten en cuenta que invertir en inmuebles supone inmovilizar un elevado capital durante un período más o menos largo de tiempo. Además, no es una inversión muy líquida, ya que puede llegar a ser difícil de vender en las condiciones deseadas. No obstante, si quieres incorporar este tipo de activos a tu cartera, cuentas con opciones más asequibles que la compra de pisos, como por ejemplo:
  • Adquirir plazas de garaje o determinados locales comerciales.
  • Participar en proyectos de crowdfunding inmobiliario.
  • Invertir de forma indirecta, a través de fondos o ETF del sector inmobiliario.
  • Adquirir participaciones en REIT (o SOCIMI en España), que son sociedades de inversión del sector inmobiliario que cotizan en bolsa y que reparten elevados dividendos.
Estas opciones te facilitan la diversificación de tu inversión inmobiliaria en diferentes proyectos y áreas geográficas, a diferencia de lo que sucedería con la inversión directa en inmuebles. Además, son activos mucho más líquidos que los inmuebles.

5. Inversiones alternativas a largo plazo

Aunque, a veces, también los activos inmobiliarios se incluyen dentro de las inversiones alternativas, estas suelen abarcar, principalmente, activos como los siguientes:
  • Materias primas (petróleo, productos agrícolas, etc.)
  • Oro, plata y otros metales preciosos
  • Arte (tradicional o digital, en formato NFT)
  • Agua, energía solar, energía eólica
  • Criptomonedas
  • Vino, whisky y similares
  • Relojes y otros artículos de colección
Por regla general, las inversiones alternativas deberían representar un porcentaje minoritario de tu cartera. Además, no son adecuadas para todos los perfiles de inversores y suelen tener una menor liquidez que otros tipos de activos. En definitiva, las inversiones en valores a largo plazo son una de las mejores formas de rentabilizar tus ahorros si no vas a necesitarlos en los próximos meses o años. De todos modos, son perfectamente compatibles con otras inversiones enfocadas en el corto o medio plazo. Antes de decidirte a realizar una inversión es recomendable que te formes al respecto. ¿Te animas?

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